sábado, 15 de marzo de 2008

Ande yo caliente, ríase la gente


Ande yo caliente, ríase la gente

2 de agosto. Madrid, las 5 en punto de la tarde, hora de toros pero aquí se lidiaba otra cosa más importante: mi futuro. Camisa impecable y blanca adornada por una corbata azul cielo brillante y cubierto por un chaleco azul y gris. Un traje gris marengo comprado en la misma Puerta del Sol y zapatos a estrenar rígidos como un iceberg. El termómetro no se hasta donde podría llegar, no tenía ninguno alrededor, pero la sensación térmica de mi cuerpo, y las gotas de sudor que resbalaban por mi frente hacían indicar alrededor de cuarenta grados en esa apacible plaza. Nuestra cita se fijó a las cinco y media, pero ese día no iba a ser menos para ser tan puntual como siempre y ya me sobraba tiempo. Sin nervios, tranquilo y sangre fría, observo alrededor; mucha gente conocida se acerca, me saluda y se aleja, me sonríen, me besan y se alejan.

Es sábado, comienza la operación salida y no hay dudas de que se nota en Madrid, sin embargo me siento arropado entre el calor humano y el del rey Lorenzo que mes castiga desde lo alto. Me vuelvo a despegar con disimulo el calzoncillo de la entrepierna, y me seco la frente con el pañuelo que guardo en mi camisa. Vaya día hemos elegido para firmar este contrato, debe ser el más caluroso en muchos años. Mi piel blanca sufre, y me refugio en el soportal sombrío que tengo a la espalda. Cómo siga dándome el sol voy a terminar con la cara roja como un guiri en Benidorm. Me empiezan a sudar los pies y la corbata me ahoga. La gente me ve sufrir y los comentarios me martillean uno tras otro: “vaya día que habéis elegido”, “si es que no son horas”, “y en el mes de agosto, no me jodas”. Intento bucear en el frescor de un sueño y sonrío falsamente. El murmullo de los invitados presagia la llegada de la novia. Increíble la ovación, se lo merece.

Son las cinco y veinte y ella llega puntual. La ayudan a bajarse del Volvo azul oscuro y destaca su traje blanco como nieve. Sus ojos miel, felices, se dirigen a mi figura, estática y ardiente, para reflejar en mi una mirada nerviosa que presagiaba este final. Me di la vuelta, de la mano de mi madre, guapísima, y caminando hacia el altar. Familiares, amigos, conocidos, otros no tanto, acomodados en lo ya clásicos bancos de madera me observaban mientras yo divagaba en mis pensamientos. Estoy pasando mucho calor, lo sé, pero soy feliz y me caso con la mujer que amo. Las altas temperaturas continuaron ese día hasta el amanecer.


César, 15 de Marzo de 2008

3 comentarios:

Maria Jesús dijo...

Me alegro de que seas un hombre feliz

ELISA dijo...

Fui testigo de todo, del calor (totalmente secundario), del amor, de la felicidad, de la alegría...

lourdes dijo...

Bonitas palabras para un bonito dia ,es increible que apesar de los nervios que te rodean estes tan lucido para relatar esos momentos inolvidades ,y plosmarlos aqui para que sea participe la gente de ese amor que derochas por esa persona que se unira a ti para toda la vida, muy bonito cesar felicidades .