miércoles, 29 de julio de 2009

Asesinato en 8 milímetros

Richy y Nora, salían cada noche a hurtadillas de su casa a las afueras de Madrid. Un pequeño cobijo en una urbanización de clase media, hacía de guarida de su cada vez más precaria vida. Procedían de una humilde y trabajadora familia de Guadalajara, donde la pizarra negra era su hogar, y no les faltaba el trabajo. Ahora, la crisis también había llegado a sus vidas, y el destino les había transportado en un coche hasta el centro de España.
Cada noche estrellada y de temperatura agradable, era un buen momento para cometer el robo, pero siempre un peligro constante a los ojos de su peor enemigo. Ese 16 de Julio, día del Carmen, había hecho mucho calor, y se presagiaba barbacoa en casa de los Martín.

-Nora, hoy tenemos que salir. Mañana no tenemos nada para comer en la despensa. Lo haremos en honor de la abuela Carmen. ¿Te acuerdas de sus historias en la oscuridad de nuestra habitación? Preguntó Richy mirando por detrás de las cortinas
-No Richy, es peligroso. Prefiero quedarme un día sin comer. En esa casa hay muchos niños, y ya sabes que son la voz de alarma para cualquiera de nosotros. Los odio. Tras sus palabras, Nora reflejaba el miedo a la muerte.
- Si, le espetó él, pero hemos de luchar hasta el final, por el linaje de nuestra familia. Esperaremos esta vez que recojan toda la cena, que formen sus hileras recogiendo platos y vasos, y entre sus horteras carcajadas de ver como los payasos de sus hijos se divierten, aprovecharemos la ocasión para entrar en escena, dictó Richy con firmeza.

Así pasaron dos horas en silencio y entre abrazos, con el firme propósito de asaltar aquellos manjares expuestos sólo para sus ojos. Había llegado el momento, y después de colocarse sus antifaces negros, se miraron a los ojos, y dijeron al unísono “antes muerta que sencilla”. Sus pasos sosegados apenas dejaban huellas en la arena, y corrieron juntos para agazaparse tras la pata de aquella enorme mesa de madera. La espesa cubierta de aquel maldito cenador, les dejaba a merced de ser vistos. La luz artificial les delataba, y sin embargo la luna, era su mayor aliado.

Richy marcó despacio con tres dedos de una mano, uno a uno, el momento de asaltar el cuadrilátero. Uno, dos y tres ¡ Era el momento, y sin levantar cabeza, caminaron al mismo son que marcaban sus piernas, para levantar uno a uno los restos de aquel maravilloso festín. Trasladaban uno a uno cada tesoro hasta su escondite y volvían a por el siguiente, sin descanso, sin pensar en el miedo, sin escuchar los gritos de los niños. Un último esfuerzo y la faena sería un éxito. La corta distancia que les separaba del triunfo, era idéntica que la que les distanciaba de la muerte.

¡Hormigas! ¡ Mamaaaaaa, hormigas¡ ¡ Y se llevan mi pastel de manzana¡ La persecución duró solo 20 segundos. La tierra temblaba y el avanzar se hacía imposible, ya que diez enormes dedos les impedían el paso, por cualquier lugar que quisieran escapar. Pero su impetuosidad y generosidad en el trabajo bien hecho, les llevó a su más temible y esperado fin. Richy miró hacia arriba y una sombra redonda y semicircular se hacía cada vez más grande sobre su cabeza. Supo en aquel preciso instante que iba a morir y sus últimas palabras fueron un “te quiero” para Nora, que envuelta en un mar de lágrimas no pudo más que permanecer inmóvil abrazado a él, esperando su crepúsculo.

- Mira mamá, han muerto haciendo el amor. Pobrecillos ¿no?

2 comentarios:

Brida dijo...

Jajaja, muy buenos tus inesperados finales.

Anónimo dijo...

Eres un crack!!!!

Sigo por aki... Agazapada bajo mi ordenador, pensando en la comida de mañana de mi peque, la lavadora, la casa y esas pequeñas grandes cosas del trabajo que me obsesionan y me distraen durante largos momentos de la vida en el hogar.

Un besazo

Susana